
Crisis, Chalaux y la moneda telemática.
Lluís Busquets Grabulosa.
Noviembre de 2008.
La decisión de Bush de inyectar dinero
público para superar la crisis financiera, antes de que
se la aprobaran las Cámaras, produjo el viernes 19-IX un
alza bursátil inesperada todo el mundo. Y, sin embargo,
expertos como Rodrigo Rato (ex-director del FMI) comparaba la
actual crisis con el crack de 1929, y George Soros, que ha escrito
en un libro que se hizo millonario fraudulentamente porque la
economía liberal le lo permitía (bloqueó
la libra esterlina), decía que la posibilidad del crack
seguiría existiendo porque con la pretendida autorregulación
liberal no vamos a ninguna parte. Tenían razón:
el crack bursátil del pasado día 10-X hará
historia. Los ciudadanos de a pie no tenemos respuestas a nuestras
preguntas. (¿Desde cuando una economía liberal se
ha de intervenir con dinero público? John Lipsy, actual
segundo del FMI, venía a decir que la contradicción
es gravísima, pero si no se hiciera, llegaríamos
al Catacrac: la crisis financiera "tendría consecuencias
devastadoras", declaró textualmente). ¿Y de
dónde salen estos montones de dinero?.
Se ha hablado de 700.000 millones de dólares
o euros, pero son muchos más. El coste de la intervención
de las autoridades es éste: 620.000 millones de euros para
adquirir hipotecas tóxicas y fiar a los bancos para garantizar
la viabilidad; 273.600 millones de inyección de los bancos
centrales para dar liquidez al mercado; 140.000 millones para
rescatar las sociedades hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac;
60.000 de financiación a las filiales de Lehman Brothers
a cargo del Tesoro de EEUU, 58.700 millones para nacionalizar
la aseguradora AIG; 20.000 millones de préstamo a JP Morgan
para comprar Bear Sterns; 2.700 millones de garantías para
reparar casas abandonadas al ser embargadas por impago de hipotecas.
Total, si sumamos, un billón ciento setenta y cinco mil
millones. Sin contar los 1,7 billones de rescate de los bancos
europeos de la semana pasada. Y seguimos haciéndonos preguntas.
Dado que el dinero de un estado son los de sus ciudadanos, ¿ahora
los Estados deberán financiar todas las empresas mal gestionadas?
Suponiendo que la mia esté bien gestionada, ¿por
qué no he de participar del pastel?
En definitiva: nuestros ahorros, si pasan de
los 100.000 euros, según la garantía del insolvente
Solbes, ¿son, pues, directamente, por malgestionar? ¿Se
trata de socializar pérdidas y privatizar ganancias?
Más allá de la ironía, hay
que saber que esto ocurre porque el mundo se ha dotado de una
moneda anónima y opaca y ni los expertos más expertos
pueden calcular de ninguna manera lo que puede ocurrir. No hay
ninguna mercometría posible (datos fiables de los mercados
financieros). Los Estados como el español tratan de flotar
en el tsunami como pueden (¡los americanos todavía
se ríen de las declaraciones de ZP diciendo que nuestra
economía era la más fuerte de Europa!). Cuando se
pidió por radio al presidente de la Bolsa de Barcelona,
Joan Hortalà, el pasado día 21-IX, qué nota
pondría al Rodríguez Zapatero, fue muy sutil: "No
se le puede poner ninguna nota porque no se ha presentado a examen".
Todo esto viene a cuento porque el pasado día
17-IX, en el Aula Magna de la Universidad de Barcelona, llena
hasta los topes, el "Centro de Estudios Joan Bardina"
presentó el vídeo La moneda telemática a
partir de los estudios de Agustí Chalaux de Subirà
(1911-2006). El público asistente fue obsequiado con un
DVD y el debate de la mesa con economistas como Arcadi Oliveres
y Martí Olivella fue más que interesante. Chalaux
aprendió del banquero Horace Finaly (presidente de BNP-París
Bas) las curvas de la moneda en la primera guerra europea (las
existencias de oro sólo habrían permitido cubrir
los gastos de la guerra durante los tres primeros meses y, por
tanto, abandonó la convertibilidad en oro de los respectivos
papeles-moneda) y se pasó media vida estudiando un revulsivo.
Finaly se burlaba de sus estudios de Ciencias Económicas
en París y más bien le indicó una carrera
científica. Chalaux estudió entonces en la Escuela
de Química de Mulhose y quiso aplicar el método
científico, preciso y riguroso, a los fenómenos
sociales y científicos con la misma exigencia.
Un amigo suyo, el libertario Abad de Santillan,
le confesó en plena guerra (in)civil española que
la izquierda había perdido la guerra y la revolución
porque no habían sabido dominar la moneda y la banca como
instrumentos al servicio del pueblo.
Cuando volvió a Barcelona (1945), y aún
más cuando dejó el trabajo de químico (1968),
quiso debatir y enseñar lo que había aprendido.
Encontró muchos compañeros de viaje, entre los que,
Lluís Maria Xirinacs, que ya no le dejó sus pasos
y insertó en sus estudios de globalística las ideas
de moneda responsable de Chalaux. (Poca gente sabe que, antes
de morir, Xirinacs presentó en el Foro Social Mundial de
Nairobi en Kenia una ponencia en vídeo donde resumía
la posible utilización de la tecnología actual para
la implantación de la moneda telemática universal
que facilitara la paz en el mundo.
(Lo pueden ver en vídeo
en castellano en:
http://www.bardina.org/nw2/videoses.htm
Los promotores de la moneda telemática
querrían suprimir el papel moneda que todos llevamos en
la cartera, porque es anónimo e irresponsable.
Tanto podemos pagar un kilo de naranjas como
el asesinato de alguien. Nadie puede saber qué hacemos
con nuestro dinero. Podemos especular, apilar montones de dinero
negro, convertirnos en mafiosos, comprar terrenos con escrituras
a la baja, pagar trabajo infantil, droga o prostitución.
También llevamos moneda nominativa: las tarjetas de crédito.
Las tarjetas nos fichan, dejan trazas e indicios de todas las
operaciones que hacemos. La moneda telemática es ésta.
Por eso se le llama responsable y transparente. Los que no nos
hemos esconder de nada, no le tenemos ningún miedo, los
que deben ocultar ciertos pagos, sí. Cuando se habló
de que la faja antifalsificación del nuevo euro fuera magnética
para registrar la operación que se hacía, hubo quien
puso el grito en el cielo con la excusa de no querer poner los
ciudadanos bajo control. Ahora ya lo estamos. Pero no bajo el
control neutro de un ente administrativo -el cual podría
contabilizar operaciones y obtener, con datos on line, la mercometría
de que hoy no disponemos-, sino de cajas de ahorros y bancos.
Con método y unas medidas cabales de los
mercados financieros, no sólo se podría dosificar
el caudal de dinero en el mercado más allá de inflaciones
y stagflaciones (cf. el libro que Chalaux escribió con
el economista Magdalena Grau: Ensayo sobre moneda, mercado y sociedad,
Barcelona (http://www.bardina.org/ammsesin.htm): Centro de Estudios
Joan Bardina, 2000, 3 ª edición), sino conseguir la
denominada "renta básica" o "salario mínimo
social" para todos los ciudadanos. Y no de la plusvalía
del trabajo, sino de la plusvalía del dinero, que ahora
se nos esconde injustamente, aunque permitió inyecciones
de un billón de euros como hemos explicado al principio.
Afortunadamente, estos días, salen escritos
de economistas alternativos posicionándose más allá
de lo que ha hecho hasta ahora. Tapar agujeros es volver donde
estábamos. Entenderlo es del todo revolucionario. Y no
lo entienden los actuales presidentes de Cajas ni de bolsas. Chalaux,
en sus escritos, incluso distribuye la sociedad en ámbitos
diversos con todas las necesidades cubiertas.
Como dijo el profesor Oliveras, te posiciones
a favor o en contra de la moneda telemática, al menos permitiría
detener la corrupción, la especulación y el fraude.
Y más si pensamos que el propio Ministerio de Economía
evalúa el fraude fiscal en 86.000 millones de euros. Piensen
que Catalunya sólo pide de 3.500 a 4.000 millones para
la nueva financiación, ¡mientras Solbes sólo
nos quiere soltar 1.794!.