1. Dinámica propia de la sociedad utilitaria-consumidora.
Como se desprende del análisis de los ciclos mercantiles, efectuado en el capítulo 8, la sociedad utilitaria-productiva (o ciclo de la producción, según terminología mercométrica), produce mercaderías no finitas y paga salarios a las fuerzas de producción que intervienen en el proceso de producción.
Estas mercaderías no finitas producidas tienen diversos destinos, según sus características:
Por lo que acabamos de decir, se puede ver que la sociedad utilitaria-productiva está orientada a la sociedad utilitaria-consumidora, -ya sea directamente (en el caso de las mercaderías no-finitas y no finibles por razón de cantidad y en el caso de las mercaderías no-finitas pero finibles), ya sea indirectamente (en el caso de las mercaderías inversivas). Toda mercadería producida en la sociedad utilitaria productiva lo es para ir a parar, mas o menos directa o indirectamente, mas tarde o mas temprano, mas o menos transformada a la sociedad utilitaria-consumidora. Y así, es el consumo el que da a la producción un sentido humanista al servicio de las personas. Y es el consumo el que acaba, finaliza, todo proceso mercantil.
El consumo, pues, no es sino la última etapa de la producción, la que cierra el ciclo: una vez la mercadería es adquirida por un consumidor, esta mercadería se vuelve finita y su vida mercantil se acaba, empezando para ella una vida de uso personal, al servicio de las necesidades de la persona que la ha adquirido.
Pero, a pesar de que el consumo sea el fin y la finalidad natural de la producción, hay que separar muy bien la sociedad utilitaria-productiva y la sociedad utilitaria-consumidora, porque son, en realidad, muy distintas en cuanto a composición, intereses, características... y el político ha de tener siempre presentes estas diferencias.
2. Composición de la sociedad utilitaria-consumidora.
Mientras que la sociedad utilitaria-productiva es excluyente -solo se cuentan los profesionales utilitarios-, la sociedad utilitaria-consumidora es totalizadora: engloba todos los miembros de la comunidad imperial sin excepción.
Efectivamente, todas las personas pertenecientes al imperio consumen, según dos posibles modalidades.
En primer lugar, hay los productores-consumidores: son los profesionales utilitarios, que realizan su consumo a través de un poder de compra de doble origen:
El consumo es un derecho que tienen todos los ciudadanos del imperio, por el solo hecho de haber nacido o/y vivir en él.
Para proteger de manera efectiva este derecho, hay que, en primer lugar, proteger la sociedad utilitaria-productiva, que, como sabemos, es la que produce los bienes destinados al consumo: esta protección es la que hemos indicado en el capítulo 15; y en segundo lugar, dar gratuitamente a toda la población el dinero financiero para el consumo que necesita, en función de su estatuto social-financiero (como hemos visto en el capítulo 14).
Estos dos sencillos mecanismos son suficientes para asegurar, de momento, un consumo básico para todos los miembros de la comunidad imperial.
Pero el consumo, como cualquier otro acto monetario, requiere su inmediata y total personalización y responsabilización. La sociedad utilitaria-consumidora es tan simple, que no necesita ninguna legislación específica, como no sea la muy general y fundamental que toda transacción (compra-venta de mercadería finita entre un detallista y un consumidor) sea efectuada por factura-cheque pro-telemática y a través, exclusivamente, de una cuenta corriente de ahorro de consumo abierta en una Caja de Ahorros: toda persona tendrá una y solo una de estas cuentas corrientes.
Solamente en un caso hará falta una legislación mínima de los actos de consumo y es el caso de las colectividades liberales: como ya hemos visto anteriormente, a fin de evitar la corrupción en la gestión de sus presupuestos, las instituciones liberales habrán de contar, por ley, con un jefe de compras, único responsable ante la Justicia de la administración del presupuesto.
La sociedad utilitaria-consumidora, que realiza actos de compra-venta de mercaderías de consumo, tiene como finalidad la realización del consumo real, material: éste ya no es un proceso mercante-monetario, sino un acto íntimo y personal, socialmente liberador, de cada consumidor.
Efectivamente, podemos describir el consumo real como el proceso consistente en la absorción de bienes utilitarios para su transformación en vitalidad corporal-anímica o/y en vivencias espirituales-culturales. El consumo satisface las necesidades utilitarias del hombre, pero por esto mismo lo libera, lo deja libre para dedicarse a actividades de orden superior al puramente utilitario. Consumo equivale, para nosotros, al sostenimiento y promoción del propio ser de cada persona, individual, colectiva, étnica...
El consumo, como hecho vitalmente necesario y socialmente liberador, tiene que ser potenciado al máximo. Buscamos la obtención de una producción máxima en cantidad y óptima en cualidad, para gozar de un consumo también máximo y óptimo; esto no tiene porqué significar, necesariamente, ni consumismo estúpido, ni desarrollismo ciego e ilimitado, siempre que se respeten las siguientes condiciones: